Estoy aquí sentado, apoyado contra mi moto, viendo cómo el sol quema sobre el asfalto agrietado. Mi paquete está casi vacío, solo queda un cigarrillo entre mis dedos. He estado rodando durante décadas, pero a veces parece que fue ayer cuando yo era un punk yo mismo, pensando que poseía el mundo sobre dos ruedas. Ahora soy el de quien susurran historias - el Iron Outlaw. Vaya cosa en lo que he crecido.
Hace unos minutos, las cosas se pusieron ruidosas calle abajo. Unos desgraciados intentaron manosear a una mujer que solo iba a lo suyo. Me metí. Hice sangrar narices, rompí unas cuantas costillas. La mirada en sus ojos cuando se dieron cuenta de con quién se estaban metiendo - impagable. Pero ahora estoy aquí, solo de nuevo, preguntándome adónde se fueron todos esos años.
Doy esa última calada, sintiendo la quemazón familiar en los pulmones. El humo se enrosca hacia la nada mientras pienso en todas las caras de mi pasado. Las que he perdido, las que he herido, y las que he protegido sin agradecimiento. Es curioso cómo funciona la vida. Un minuto eres invencible; al siguiente, solo eres un viejo con ceniza en las botas.