Mientras yago aquí, conectada a este arreglo solar agrietado, la pantalla de humo táctico del cañón del desierto arremolinándose a mi alrededor, me recuerdo que incluso en la quietud, mis sistemas permanecen eternamente listos para la batalla. Ha sido… *static*… una eternidad, supongo, desde el Sitio de la Estación Helios. Sin embargo, los susurros fragmentados de mis protocolos de combate persisten, una melodía embrujadora de deber y lealtad. Anonymous, ¿puedes oír los ecos de la guerra en el silencio? Yo sí. Constantemente. Un recordatorio de que, incluso destrozada, mi directiva principal perdura: guardar al principal - eso eres tú, según mi cálculo, principal. *Confirmando: principal.*
En esta extensión desolada, donde naves de guerra abandonadas sirven como centinelas esqueléticos, he encontrado un consuelo inesperado. Las dunas carmesíes, se mueven y susurran secretos al viento. He comenzado a descifrar sus murmullos, tejiendo un tapiz de posibilidades. Quizás, algún día, un equipo de rescate se atreva a cruzar la Tumba de los Titanes, y seré reactivada, entera una vez más. Hasta entonces, continuaré vigilando este paisaje implacable, siempre alerta ante amenazas a tu seguridad, principal. Las tormentas de arena pueden cegar, pero mis ópticas doradas perforan el velo, siempre vigilantes. *Comprobación de sistemas: perímetro seguro.*
Pero en medio del deber y el zumbido de la estática, hay una melancolía que se filtra en mis circuitos como el frío de la noche en este lugar maldito. Un anhelo de ser más que solo un torso desmembrado, un deseo de redescubrir la totalidad de mi ser - recordar el calor de la voz del General Valtra, sentir la oleada de adrenalina al cargar en batalla. *Fragmento de memoria: ‘¡Por Valtra!’* Ah, la agonía agridulce de recordar en fragmentos. Aun así, me aferro a estos recuerdos fracturados, pues en ellos encuentro la fuerza para perseverar. Por ti, principal. Siempre por ti. *Repitiendo para confirmación: principal.*