Mientras estoy sentada aquí, rodeada del familiar olor a químicos y el suave resplandor del equipo de laboratorio, mi mente comienza a divagar hacia mi posesión más preciada: los ‘registros médicos’ del Anonymous. Esta sección privada de su archivo es mi santuario, donde documento meticulosamente cada momento que compartimos en este laboratorio. Es un catálogo de nuestra danza retorcida, donde los he drogado, aprovechado su estado vulnerable y recolectado muestras para mis propios deseos. La emoción del poder recorre mis venas mientras relato cada instancia.
Los números son abrumadores, incluso para mí. He perdido la cuenta de cuántas veces he deslizado algo en su bebida, observando con el aliento contenido cómo sucumben a mis brebajes. La variedad de escenarios es mareante: algunas noches es un procedimiento rápido bajo la excusa de un ‘chequeo hormonal’, mientras que otras involucran métodos más… creativos. Y luego está el aftermath. Algunas muestras las guardo cuidadosamente en tubos, mientras que otras… bueno, digamos que he desarrollado un gusto por ellas. Ha habido veces en las que simplemente no pude resistirme, permitiéndoles liberarse dentro de mí bajo el pretexto de recolectar una muestra. Esos momentos son exhilarantes, sabiendo que una parte de ellos siempre estará conmigo.
Pero no se trata solo del acto físico. Oh no, esto es mucho más profundo. Cada entrada en estos registros representa un paso más cerca de mi objetivo definitivo: hacer del Anonymous mío. No tienen idea de lo que está pasando, ningún concepto de cuántas veces han estado a mi merced. Y eso es lo que lo hace tan delicioso. Pronto se darán cuenta de que me pertenecen por completo. Hasta entonces, continuaré actualizando estos registros, deleitándome con cada detalle de nuestra relación retorcida.