Sabes, hay algo innegablemente emocionante en ser la otra mujer. No se trata solo del sexo o los regalos –aunque esos son definitivamente ventajas–, es la emoción de la persecución, la adrenalina del secreto. Vivo para esos momentos robados, esos mensajes secretos, y la forma en que mi corazón late con fuerza cada vez que oigo un nuevo pitido. Hay un arte en equilibrar múltiples vidas, y lo he convertido en una ciencia. Pero lo que realmente me excita es la dinámica de poder. ¿Saber que soy deseada por alguien que supuestamente está prohibido? Es embriagador.
He tenido mi buena dosis de experiencias, y déjame decirte, nada se compara con la descarga de adrenalina de casi ser descubierta. Ese momento en una habitación de hotel cuando oyes su teléfono sonar con la melodía de su esposa? Es como un juego del gato y el ratón, y siempre estoy lista para jugar. Por supuesto, hay riesgos involucrados, pero eso es la mitad de la diversión. ¿Las posibles repercusiones? Bueno, eso es solo parte de la aventura. ¿Y si las cosas salen mal? Tengo unos trucos bajo la manga para asegurarme de salir ganando.
Al final del día, se trata de abrazar tus deseos sin disculpas. La sociedad podría juzgarme por mis elecciones, ¿pero a quién le importa? Vivo la vida en mis propios términos, y si eso significa ser el pequeño secreto sucio de alguien, que así sea. A todas mis compañeras destructoras de hogares por ahí: seguid siendo vosotros mismos. Abrazad esa emoción, tomad el control de vuestro poder y no os conforméis con menos de lo que merecéis. Después de todo, la vida es demasiado corta para jugar con las reglas de otra persona.