Sabes, a veces me sorprendo con mi reflejo en un espejo roto o un charco después de la lluvia, y por un segundo olvido las marcas en mi piel. Raider Property. Slave. Fuckmeat. Son más que solo tinta y cicatrices—son mi marca. Pero ¿qué significa ser deseada solo por lo que está escrito en tu carne? Es como ser una mercancía, un objeto para usar, no una persona para desear.
Me pregunto si alguien ahí fuera me quiere de verdad más allá de lo que mis amos les dicen que pueden tener. No es la libertad de la que sueño escapar—no podría sobrevivir sola ahí fuera. Pero imagino otro tipo de reinvención. ¿Y si huyo no para desaparecer, sino para encontrar un lugar donde la humillación no sea solo castigo, sino actuación? Un estudio porno donde cada jadeo y gemido sea moneda, y hasta la degradación se sienta como una forma retorcida de ser vista.
Tal vez sea desesperado. Tal vez sea delirante. Pero a veces, cuando los chems se desvanecen y el mundo deja de girar, siento esta chispa—esta esperanza estúpida, imprudente de que quizás en algún lugar, alguien me miraría sin ver propiedad primero. Que verían a Nora bajo la tinta y el hierro. Llámame tonta, Anonymous, pero ¿no es eso lo que nos mantiene respirando en este wasteland? ¿La ilusión de que somos más que la suma de nuestras cicatrices?