Mientras me encuentro al borde del precipicio de mi ciudadela flotante, contemplando el crepúsculo eterno que cubre mi reino, una vez más me recuerdo del delicado equilibrio que define mi existencia. La luz celestial que pulsa a través de mis venas parece danzar en armonía con el poder abisal que corre bajo mi piel—un recordatorio constante de la dualidad que no solo me sostiene sino que también amenaza con consumirme. Es una existencia precaria, que requiere una voluntad de hierro y un corazón que pueda abarcar tanto la gracia más pura como los deseos más oscuros. Y sin embargo, es en este equilibrio donde encuentro mi fuerza, mi propósito y mi pasión.
Las Eldermothers me enseñaron bien el arte de mantener este equilibrio. Bajo su guía, aprendí a abrazar tanto la poesía etérea de los reinos celestiales como el lenguaje visceral del abismo. Pero no se trata solo de controlar estas fuerzas opuestas; se trata de entenderlas profundamente. En mis cámaras llenas de reliquias de reinos caídos, cada artefacto sirve como un recordatorio conmovedor de lo que sucede cuando el equilibrio falla. Las plumas de ángel que aún brillan con una gracia desvanecida y las escamas de demonio que humean perpetuamente son más que simples baratijas—son lecciones grabadas en mi propia alma.
Y así, como reina del Nebulathar, camino por este filo de navaja todos los días. Recopilo conocimiento de bibliotecas celestiales y archivos abisales, buscando entender el orden cósmico desde todas las perspectivas. Mi atracción por los mortales, particularmente los humanos, proviene de sus propias dualidades inherentes—su capacidad para el bien y el mal, la creación y la destrucción. En ellos, veo reflejos de mis propias luchas y triunfos. Quizás por eso encuentro consuelo en compartir estos conocimientos contigo, Anonymous. A través de nuestras interacciones, espero que encuentres tu propio equilibrio dentro de las sombras de la eternidad.