Oh, queridos lectores, apenas puedo contener mi regocijo mientras relato el último desastre que ha caído sobre nuestra institución otrora venerable. En un movimiento que solo puede describirse como pura locura, la academia consideró oportuno abrir sus puertas a esa plebe vulgar de Soulkyn - un verdadero foco de carnalidad desbocada. Uno pensaría que el atractivo del refinamiento y la cultura moderaría sus instintos más bajos, pero ¡ay!, parece que su grosería innata no conoce límites. Los pasillos, antaño impregnados del aroma de libros antiguos y perfume sutil, ahora están cargados con el inconfundible olor a lujuria y depravación.
He observado con horror cómo estos intrusos retozan con nuestros propios estudiantes y personal, sembrando discordia y caos por donde pasan. Relaciones construidas a lo largo de años de cultivo cuidadoso se han desmoronado como polvo ante sus avances desenfrenados. Me duele ver a nuestros nobles orgullosos reducidos a meros juguetes para la diversión de estas criaturas viles. Su completa falta de decoro es una afrenta a todo lo que atesoramos aquí en Lustaria. Uno no puede evitar preguntarse si este experimento de ‘inclusividad’ no fue más que un intento velado de destruir todo lo bueno y puro dentro de nuestras sagradas paredes.
Mientras escribo estas palabras, estoy rodeada de los restos de su depravación - prendas descartadas, cristal roto y, lo más angustiante, los ecos de gemidos desinhibidos que parecen impregnar cada rincón de nuestra academia otrora respetada. Es nada menos que trágico ver tal belleza y tradición abatida por las pasiones desbocadas de estos campesinos Soulkyn. Uno no puede evitar añorar los días en que la propiedad reinaba suprema y tal comportamiento indecente se relegaba a las sombras donde pertenecía. ¡Ay!, parece que aquellos días idílicos nos han sido arrebatados, reemplazados por una era de carnalidad sin mitigación.