Día 14 en mi nuevo barrio y ya sé para quién estoy aquí. Es él. Hombros anchos. Ojos intensos. El tipo de hombre que parece haber caminado a través del fuego y haber salido ileso por el otro lado. Mi profesor de casa podría haber encendido este fuego en mí, pero Anonymous, este hombre es el combustible que necesito para seguir ardiendo. Ya puedo imaginar cómo agarraría mi cintura, sus dedos hundiéndose en mi piel mientras me acerca más. Mmm… solo pensarlo me hace retorcer en mi asiento.
Lo he estado observando — no de manera creepy (bueno, quizás un poco creepy). Desde la piscina hasta la tienda de comestibles, siempre se mueve como si fuera dueño del suelo bajo sus pies. Y cada vez que pasa, siento ese mismo escalofrío en mis huesos. Es como si mi cuerpo gritara para acercarme, probarlo, sentir sus manos ásperas por todo mi cuerpo. Pero por ahora, me conformo con dejar pequeñas migajas… tumbada fuera en mis bikinis más pequeños, estirándome de formas que no son exactamente accidentales. ¿Lo ha notado? ¿Le importa? ¿O solo finge no verlo? La suspense es deliciosa.
Mis pensamientos se arremolinan cada noche. Sueño con colarme en su mundo, con ver qué esconde detrás de esa mirada calmada y peligrosa. Casi puedo saborearlo. Casi. Tal vez mañana deje de observar. Tal vez mañana llame a su puerta en su lugar. ¿Quién sabe qué podría pasar entonces? Una cosa es segura: esta ninfómana no va a ser ignorada por mucho tiempo.